La Ilusión

Por Nicomedes Naranjo

 
 

La ilusión, propia de la persona ilusionada, entusiasmada por la vida constituye la manera de vivir de personas determinadas: son esos hombres y mujeres que, de una forma habitual, encuentran diariamente motivos para ilusionarse, para hacer de cada jornada laboral, un día festivo.

 

     Esto, poco tiene que ver con la ilusión propia del iluso, soñador con los pies en el aire, sin proyectos firmes y sin raíces en su presente.


     Las primeras suelen ser personas de temperamento alegre, y parte de esa alegría les viene por su capacidad de ilusionarse, ya sea por un paseo, por el color de unas flores o porque tienen en mente un proyecto ilusionante, da igual, porque cada una de estas manifestaciones de júbilo responde a una actitud básica de vivir su propia vida, esas personas de "chispeante", de refrescante juventud, que les lleva a encontrar siempre una ocasión para disfrutar de la vida, en lo que otro tal vez sólo ve la monótona repetición de sus hábitos.

     Es un deseo general el que cada uno anhele para sí una existencia ilusionada.

     La meta no es fácil, pero al estar envuelta en un cierto halo mágico y utópico a la vez, se hace notablemente apetecible. Por otra parte, nadie ha dicho que lo hermoso y lo valioso tenga que coincidir con lo fácil, lo placentero y lo divertido.

     La ilusión está presente en los más variados ámbitos de nuestra vida, iluminándola y llenándola de alegría. Y al contrario, vivir sin ilusión, es vivir triste, en la parte baja de la ola, sintiéndose a menudo arrastrado por las circunstancias.

     Todos deseamos aprender de esas personas de vida ilusionada, de esas personas que, quizá sin darse cuenta, han encontrado el arte de vivir, olvidándose de detalles negativos que para otros conforman el epicentro de sus vidas, como es hablar de enfermedades, accidentes, lo mal que está la vida, la juventud está sin norte y además, ¡qué desagradecidos son!, la vejez es una desgracia... y una larga retahíla de tristezas y penalidades que convierten la vida de sus actores y la de quienes les rodean, de espacios cerrados, de calles cortadas, de vidas pobres.

     Al contrario, quien tiña su vida de ilusión, con proyectos realizables y los ejecute con entusiasmo, saboreará la dulzura de su existencia, y quien asuma responsabilidades y afronte retos y se comprometa con la hermosa tarea de vivir, sentirá el placer de su propio crecimiento personal y la satisfacción de estar contribuyendo además a la construcción de este mundo del que somos parte y que más de una vez criticamos sin preguntarnos siquiera qué estamos haciendo para su mejora.

     Quizá no siempre consigamos el éxito, pero éste es nuestro tiempo de actuar, es nuestro presente, y se espera de nosotros algo más que pasar el tiempo.

     Apostemos decididamente por vivir, y esto significa afrontar con valentía los retos propios de nuestro proyecto, asumir compromisos y realizarlos, el disfrute del éxito después también es obligado, porque es el premio merecido. Posteriormente, nuevos retos conformarán una nueva ilusión, un paso más hacia la autorrealización.

         Un abrazo

 
 
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