CASADOS EN, COMO, POR
Y PARA LA IGLESIA
Cuando vamos a emprender una apasionante aventura nos preparamos y pertrechamos a conciencia, trazamos el itinerario, fijamos la meta, y, con madurezy valentía, nos lanzamos a ella.
El matrimonio es una apasionante aventura, diríamos que la más apasionante que podemos vivir. Y el matrimonio cristiano – ese compromiso de “amarte y respetarte todos los días de mi vida” – aún más. Por eso, además de conocer a mi pareja – su carácter, su temperamento, ideales, creencias, sentido de la responsabilidad y del trabajo, los hijos etc.- incluimos como vital pertrechar y bendecir nuestra unión con el sacramento del matrimonio, incorporando a Cristo en nuestra vidas, casándonos EN esa Iglesia a la que pertenecemos.
También COMO cristianos asumir responsablemente el compromiso que,mutuamente, contraemos, sabiendo que nuestra convivencia diaria, esa delicada y difícil filigrana, tiene que estar generosamente aliñada con grandes dosis de amor,
de perdón, de comprensión, de dialogo y respeto “todos los días de mi vida”.
También casarnos POR la Iglesia, esa comunidad a la que pertenecemos y en la que encontramos a Cristo en los hermanos, “en las alegrías y en las penas, en la salud y
la enfermedad”, sabiendo que hemos de ser “luz y fermento” en el mundo que nos ha tocado vivir.
Y también, siempre en actitud de servicio y amor, nos casamos PARA la Iglesia, comprometiéndonos no solo a prestar nuestra modesta colaboración en propagar el Reino de Dios, el Mensaje de Amor de Jesús, sino también siendo constructores de familias cristianas, incrementándola con nuestros hijos, educándoles en al fe.
Hoy en que muchos de nuestros jóvenes conviven como “parejas de hecho”, por miedo a que el matrimonio no funcione, tal vez por ir “mal pertrechados”, es un testimonio ilusionante el gran número de parejas que no solo se casan en, como, por y para la Iglesia, sino que, generosamente la incrementan con nuevos hijos, y colaboran en la pastoral familiar.
Hoy también es una multitud la que camina como “ovejas sin pastor”, matrimonios rotos, familias desestructuradas, pobreza, egoísmo...hermanos que han perdido el camino, y que necesitan nuestra ayuda.
La mies es mucha y los operarios pocos. Nuestra diócesis, y nuestro Movimiento, dan la bienvenida a nuestro nuevo Obispo, D. Bernardo Álvarez Afonso que, seguro,
impulsará la pastoral familiar que tanto necesitamos.
Cerramos estas líneas con nuestro recuerdo y agradecimiento para el Obispo saliente, D. Felipe Fernández, deseándole lo mejor en esta nueva etapa de su vida.
|