UNCIÓN DE ENFERMOS ¿SACRAMENTO DESCONOCIDO?

Salvador Fernández

Le tengo dicho a mi esposa y a mis hijos que no me oculten la gravedad de alguna enfermedad que pueda padecer con el fin de prepararme adecuadamente, no solo en lo material sino, principalmente, en lo espiritual.
Parece como si a la gente joven la vida les va a durar hasta la vejez, y que, llegada la vejez, no se quiere saber nada de la muerte, en especial la familia.
Si ahora hiciéramos una encuesta entre los casados jóvenes o maduros, preguntando si han hecho testamento, seguro que ganarían por abrumadora mayoría los que no lo han hecho.
Y a la hora de prepararse adecuadamente para afrontar una enfermedad, una vejez confortados con el Sacramento de la Unción de enfermos nos encontramos con el escollo de la ignorancia, tanto por parte del enfermo, del anciano, como de su familia.
Creo que el citado sacramento sigue siendo el gran desconocido entre la mayoría de los cristianos, tal vez confundidos por el recuerdo del pasado en que se llevaba el viático a casa del moribundo, acompañado el sacerdote de monaguillo y campanilla, algo que sobrecogía por lo que significaba.
También confunde el término de “extremaunción”, entendiendo que se nos aplica cuando vamos a morir, cuando realmente contempla el que así como el Bautismo es el primero de los sacramentos que recibimos, la Extremaunción es el último, pero ello no significa que suponga la muerte.
La “Unción de enfermos” es el sacramento que prepara y conforta al cristiano para afrontar una seria enfermedad, una operación de gravedad, una vejez avanzada de forma que, por la gracia del sacramento, pueda recobrar la salud o soportar, con entereza y paz, los sufrimientos e inconvenientes de la vejez.

Un sacramento que, en contra de lo que se piensa, puede ser administrado, en casos de gravedad, en varias ocasiones.
Está claro que, bajo mi modesta opinión, también es un sacramento que está requiriendo una catequesis para que sea suficientemente conocido y estimado por la comunidad eclesial.
Hay que desterrar la consabida frase que hemos oído con frecuencia, al proponer la visita del sacerdote al enfermo, al anciano, de “nó que se asusta”, y pienso que vale la pena “asustarlo” a cambio de la paz interior que normalmente invade al que lo recibe.
Es tiempo de romper viejos tabúes. Hay quien no hace testamento porque trae “gafe” y se muere. Y hay quién priva al enfermo, al anciano, de la paz del espíritu, acaso de recobrar la salud, “porque podemos asustarlo”, y le llevamos al sacerdote cuando ya ha fallecido.
Como todos los sacramentos son de y para los “vivos” y no para los difuntos. Repito que creo es el gran desconocido entre los cristianos y sería positivo divulgar sus Gracias
para que podamos beneficiarnos de ellas.
Y que tanto si vamos a sufrir una operación de riesgo serio, seamos jóvenes o mayores, padecer enfermedad grave o ancianidad, pidamos, u ofrezcamos, el sacramento.
No nos privemos del regalo que supone en esos momentos el tener a Dios con nosotros, sentirnos confortados con su Palabra, fiados de sus promesas.

UNCIÓN DE ENFERMO
HAY QUE ANDARSE CON OJO
CORPUS CHISTI
LOS VIEJOS
NO DESFALLESCAMOS
SABEMOS DE QUIEN NOS...