CORPUS CHRISTI

Salvador Fernández

Podemos afirmar que ya es un clamor  que advierte sobre la alarmante contaminación que está sufriendo nuestro planeta. Crece el agujero del ozono, aumentan las temperaturas, tormentas y sequías; estamos convirtiendo nuestros mares en enormes alcantarillas y el planeta en un gran basurero.
Los medios de difusión nos muestran  las trágicas consecuencias que  están ocasionando contra nuestra Tierra y contra los que en ella vivimos, fruto de las cuales las naciones se han comprometido a reducir su contaminación, aunque luego algunas hagan caso omiso, entre ellas nuestro país.
Se van dando tímidos pasos orientados a potenciar el uso de energías renovables así como al reciclado de desechables que, poco a poco, van creando mentalidad entre los ciudadanos: ¡hay que salvar la Tierra!
También nuestras creencias, nuestras tradiciones, están expuestas a la contaminación y es frecuente descubrir que, por ejemplo, algunas romerías en honor de algún Santo Patrono, o de la Virgen, estos terminan en último término, convirtiendolas en un acto cultural, turístico, folklórico, plagadas de comas etílicos que, en algunas ocasiones, terminan en pelea callejera. Y esto se está dando.
Y me atrevo a prevenir sobre la contaminación que acecha a la celebración del Corpus, tradicional e importante festividad entre los católicos.
El día en que el pueblo cristiano olvide que los bellos tapices se confeccionan en honor del Corpus, comenzará a decaer la festividad como tal.
Reconforta participar y ver el trabajo que se realiza al confeccionar esos tapices, en el que participan jóvenes y mayores, mujeres y hombres, movimientos apostólicos, colegios y asociaciones de vecinos, asociaciones culturales y particulares. Muchas horas de trabajo deshojando flores, preparando los distintos materiales a utilizar, inclinados sobre el naciente tapiz durante horas, terminando rotos,  llenos de agujetas, de cansancio, pero satisfechos del homenaje que, humildemente, rendimos al Corpus Christi, hermosa manifestación de devoción que debemos cuidar exquisitamente.
Bajo mi modesta opinión, acaso desentonen – contaminen – las firmas comerciales, si su presencia solo persigue hacerse publicidad.
Similares peligros acechan también a las cofradías y hermandades en   Semana Santa, cuyas procesiones y pasos nos deben ayudar a vivir más intensamente la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor, algo que puede olvidarse dándole más importancia al número de cofrades, a la calidad de sus vestiduras, o a la riqueza del paso procesional, algo que, bajo mi modesta opinión, puede estarse dando en nuestra diócesis.
En la barca de Pedro que, valientemente, surca los mares de nuestras vidas, se van adhiriendo, fruto de la contaminación, creencias o costumbres que nada tienen que ver con los Evangelios, por lo que es bueno que, periódicamente, se repase su casco y se le deje a punto para seguir su andadura por nuestro mundo.
Cuidemos el que a la hora de limpiar el casco critiquemos y nos fijemos en el del vecino y no  miremos, examinemos y limpiemos nuestro casco que, en el mar en que estamos viviendo actualmente, seguro está contaminado.

 

UNCIÓN DE ENFERMO
HAY QUE ANDARSE CON OJO
CORPUS CHISTI
LOS VIEJOS
NO DESFALLESCAMOS
SABEMOS DE QUIEN NOS...