NO DESFALLEZCAMOS
Salvador Fernández
En más de una ocasión he hecho mía la frase que dice que lo que se mama en casa es lo que más tarde o más temprano termina aflorando en nuestras vidas. Y por eso es tan importante cara a nuestros hijos, a nuestra familia, a nuestros amigos y compañeros de trabajo el no desfallecer en nuestro empeño.
Un empeño que, al menos en nuestra iglesia doméstica que es la familia, ciframos en educar y criar a nuestros hijos en una escala de valores como es la doctrina de Jesús, teniendo que librar la batalla diaria en un ambiente hostil en lo que a la religión cristiana se refiere.
Y la clave está en el testimonio que damos no solo en el ámbito familiar – que es el más importante ya que son los más próximos – sino, también, en el profesional y social.
Es importante hablar de temas de actualidad, dialogarlos, pero más importante aún es ser constantes y consecuentes en nuestra vida diaria.
Se dice por ahí que numerosos niños hacen la Primera y la Ultima Comunión. La Primera porque la hemos convertido – salvo excepciones - en un acto social, una fiesta muy mundana. Y la Última porque si nuestros hijos ven que nosotros los padres ni vamos a misa ni comulgamos terminan pasando del tema.
Si los padres somos consecuentes y nuestros hijos ven que para nosotros la eucaristía es importante, aunque en alguna época de su juventud se distancien – las ofertas y tentaciones son muchas – más tarde o más temprano lo mamado en casa sale a flote.
Si viven en un ambiente familiar donde se respira el mutuo respeto, donde se bendice la mesa, donde quién preside la Navidad no es Papá Noel sino el Nacimiento de Jesús, donde nos ven participando en actividades de la parroquia o de un movimiento apostólico, o en una ONG o escribiendo preocupados por situaciones que necesitan resolverse, o compartiendo nuestro dinero, eso lo captan y allá en el fondo de sus corazones el mensaje queda grabado para aflorar en el momento oportuno, cuando Dios quiera.
En el tiempo que nos ha tocado vivir, si no queremos desfallecer, hemos de ser constantes en la oración y depositar la confianza, nuestra fe, en ese Dios del que estamos convencidos no nos vas a fallar, aunque en ocasiones parezca que no ha atendido nuestra súplica.
Que consolador es ese evangelio donde el mismo Dios nos dice “venid a Mi los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”, un mensaje muy actual en un mundo donde los problemas – en especial en las familias – son abundantes, situaciones que ni el dinero puede resolver: la muerte de un ser querido, el paro, un enfermo…
Y el Señor nos vuelve a alentar y nos da la solución: “pedid y recibiréis, buscad y encontrareis, llamad y se os abrirá”.
Pero si nos hemos limitado a quedarnos con lo aprendido en la catequesis – mucho ya olvidado – ignoraremos ese mensaje de Amor y Paz que encierra el evangelio, y la desesperanza se adueñará de nuestras vidas.
Y en lugar de anunciar con nuestro testimonio la gran noticia del Dios con nosotros, sembraremos un mensaje negativo, y caminaremos “como ovejas sin pastor”.
Ojalá que con la celebración de este nuevo Nacimiento afloren en nuestras familias las semillas del mensaje de Jesús, del gran Sembrador, del que, con nuestros fallos, queremos ser sus testigos.
Feliz 2007 para todos. |