InicioINICIO

 
 
 

HAY QUE ANDARSE CON OJO

                                               Salvador Fernández

A LA HORA DE PENSAR EN CASARSE. El matrimonio y, consecuentemente, la familia es un paso importante en la vida de las personas. Yo diría que tal vez el más importante ya que, además de la familia, nos jugamos la felicidad.
Hoy, tal vez por la influencia de los medios de comunicación o de la prensa rosa, por la pérdida de valores o por la época que nos está tocando vivir, me atrevo a afirmar que se va al matrimonio sin la más elemental preparación, fruto de lo cual son las rupturas matrimoniales, doloroso paso que sufren los esposos, sus hijos, si los hay, y sus familias. Una separación, un divorcio, no es una pera en dulce. Al contrario.
Es posible que ante esa panorámica bastantes parejas opten por formar parejas de hecho,
por vivir “en prueba”, acaso cifrando su felicidad matrimonial en comprobar como se funciona en la cama. Si no funciona, nos separamos y ya está, separación que, generalmente, también resulta dolorosa, incluso trágica.
No ha de extrañarnos que cada vez sean más los solteros/as que pasan de formar matrimonio ni pareja, tienen sus aventuras ocasionales, alegando que “no están preparados”. Para mí una forma de pasarlo bien, egoístamente, fomentando el que en nuestro país la población esté envejeciendo, con las dramáticas consecuencias que les tocará vivir a futuras generaciones.
Es incomprensible que en los tiempos en que vivimos nos preocupe conocer a fondo como funcionan los móviles, electrodomésticos, ordenadores y toda una gama de aparatos y que, algo tan fundamental como es el matrimonio, la familia, el ser feliz, entremos en ello casi como analfabetos totales.
Como somos muy “modesnos”, pasamos del noviazgo ¡hay que ser carca!. Cuando más, unos meses de novios, y a vivir juntos. Y así nos va.
Se me ocurre que así como ahora nos colocan el carnet de conducir por puntos, también debería establecerse un curso para aquellos que quieren casarse. Y, como en el examen de conducir, los novios deben conocer las normas y las señales, con el fin de comprobar si tienen madurez para casarse (algo fundamental), para que puedan ser felices.
El noviazgo – si se lleva como es debido - nos permite conocer a la futura pareja, su carácter, sus valores, sus ideas religiosas, que opina sobre la economía familiar, la mutua colaboración en el hogar, su idea sobre la fidelidad, si quiere tener hijos o no,  y en como educarlos. Su actitud en relación a las familias políticas, a que la mujer trabaje también fuera de casa. Conocer la psicología femenina y la masculina  mejorará la delicada convivencia diaria, así como disfrutar de una sexualidad sana. Y también si quiere casarse por la Iglesia o por lo civil o ni lo uno ni lo otro. Todo esto y más, es importante conocerlo antes de dar el paso.
Conozco algunas parejas que no se han casado porque la boda cuesta “cara”, decisión que respeto pero que no apruebo, ya que el matrimonio supone un compromiso donde “yo me entrego a ti y te recibo para amarte y respetarte, en la salud y la enfermedad, en las alegrías y las penas, todos los días de mi vida. ¡Qué hermosa promesa!
Por tanto, hay que andarse con ojo. La decisión es importante y delicada, de la que no hay que asustarse. Pero eso sí, prepararse lo mejor posible y hoy, afortunadamente, existen medios para ello. Contando además, si eres católico/a, con la Gracia del sacramento.
El matrimonio, la familia, es una ilusionante vocación.
¡Y merece la pena!

UNCIÓN DE ENFERMO
HAY QUE ANDARSE CON OJO
CORPUS CHRISTI
LOS VIEJOS
NO DESFALLESCAMOS
SABEMOS DE QUIEN NOS...